Ritual de Agua y curación


Uno de los propósitos de los rituales en las tradiciones indígenas es aportar curación, lo que ocurre en gran medida, en el contexto de una comunidad que aprecia lo que somos, nos acepta y cuida. Sin ese sentido de comunidad, nos sentimos aislados y hasta enajenados, un sentimiento que en parte tratamos de llenar desesperadamente con hiperactividad y ocio, pero que pocas veces funciona.

Existen muchos tipos de rituales y sirven distintos propósitos: regeneración, júbilo, iniciación, entrega, celebración, introspección… . Aquí vamos a hablar de un tipo especial basado en el elemento Agua. El agua, tan abundante en nuestro cuerpo, y muy bien representada por nuestras lágrimas, limpia, reconcilia, purifica y libera tensiones.

El agua enfría una psique fogosa y equilibra aquello que está agitado, nos sostiene y nutre. El agua nos invita a reducir el paso, dentro y fuera, y nos permite prestar atención a aquello que pasa desapercibido a más velocidad. No recuerda el mundo del Espiritu, el “otro mundo
El agua también se asocia con los sentimientos de pena y pérdida; la perdida resultante de no haber notado lo que tendríamos que haber percibido, en otros o en nosotros mismos; pena por la laguna entre lo que es posible y lo que es imposible en la vida.
El agua salada de las lágrimas son signo del deseo de reconciliación: con los demás, con nosotros mismos, pero sobre todo, con el mundo del espíritu porque el agua limpia y se lleva la impureza de nuestros fallos y fracasos.
Un ritual de agua, no se desarrolla necesariamente en dicho elemento, y el de duelo que se celebrará en las Alpujarras es un ejemplo de ello. En este caso, el agua la llevamos dentro, en forma de lágrimas, de pena, de sentimientos ahogados… es nuestra conexión interna con lo sagrado.

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