Crisis e imaginación (II)

La crisis
Eran tiempos movidos. Estaba en proceso de cambiar de residencia, mis hijos entraban en la adolescencia, y estaba trabajando muchas hora bajo una fuerte presión. Había cumplido los 40 y para entonces había renunciado a la idea de tener una amiga íntima cerca de mi, alguien que realmente me comprendiese. Tenía un compañero que era un buen amigo, pero las diferencias de género son en ciertas situaciones insalvables (o al menos yo lo creía así). Tenía dos buenas amigas pero la diferencia de nacionalidad, edad y la distancia suponían, a mi entender, una traba y a veces me sentía muy sola.
En esas circunstancias conocí a una mujer de mi misma edad y nacionalidad que vivía solo a 200 Km de mi ciudad. Fue un acto de magia y una verdadera bendición. Nos escribíamos casi a diario por correo electrónico y cuanto más compartíamos, más puntos en común encontrábamos. Sin apenas darme cuenta se afianzaron en mi corazón la esperanza, las expectativas y mucho amor por esta persona. Me sentía como una quinceañera.

Al principio todo fue gozo y una alegría tremenda, me sentía exuberante y la gente a mi alrededor lo notaba. Me encontraba vital y llena de vida. Sin embargo, con el paso de los meses, empecé a notar un elemento de desazón, y de dependencia preocupante. Me pasaba demasiado tiempo ensimismada o pendiente del e-mail para ver si me había escrito o no.

Quién sabe si como causa o como efecto, empecé a experimentar serios problemas gastrointestinales y por primera vez me enfrenté al miedo a la enfermedad, a la mortalidad y a la vejez. Aunque tuve en todo momento el apoyo incondicional de mis hermanas y compañero, ante mi gran sorpresa, me encontraba una y otra vez buscando el apoyo de mi amiga, quien inmersa en sus propias circunstancias personales, estaba lejos de saber lo que me sucedía, pues ni yo misma lo sabía. Me inundaba la pena y la angustia, además del resentimiento y una sensación de haber sido abandonada. Todos estos factores me sumieron en una caída vertiginosa. Perdí mucho peso, padecía taquicardias y la ansiedad se convirtio en la tónica del día. Un día, la situación llego a tal extremo que pensé que estaba sufriendo una apoplejía. En vista de que ni las visitas al naturópata ni al médico funcionaban, busqué modos alternativos de salir de esta “crisis” que duraba más de un año. El viaje chamánico ya había dado buenos resultados antes.

Imaginación

¿Cómo puedo curarme? esa fue la pregunta con la que Ana se acercó al viaje. Sabía que necesitaba curación tanto física como psíquicamente. Debía aplicar disciplina mental y a la vez dejar libre la imaginación. Hasta ahora, no hacia más que darle vueltas a lo mismo, usando los mismos razonamientos que no llevaban a ninguna parte. Necesitaba vaciar la mente para que algo nuevo y diferente pudiese entrar en ella y le ayudase en el proceso.

Antes de iniciar el viaje, se preparó para el ritual. Se duchó, cambio de ropa, recogió un par de objetos “mágicos”, el shawl que sólo utiliza para situaciones especiales y realizó algunos ejercicios de estiramientos y respiratorios para preparar la mente y el cuerpo.

Los preparativos son tan importantes como el propio ritual. Su función es prepararnos para entrar en un estado interno de silencio, relajación y apertura ante lo que está por venir. Para ello es bueno dejar hacer a nuestro lado inconsciente e intuitivo, que no entiende de rigidez ni sentido del ridículo: nos rodearemos de perfume y cosas bellas, seguiremos nuestras corazonadas respecto a qué vestir, y qué hacer; en suma dejamos volar la imaginación. Para sacar provecho de un viaje chamánico tenemos que integrar ambas partes de nuestro ser: la parte racional y la intuitiva, la sobriedad y el juego, el corazón y la mente, la receptividad y la acción. Al crear un puente entre ambas, la imaginación sirve para entrar en el mundo del alma y volver de allí con enseñanzas valiosas para la vida cotidiana.

Tras los preparativos, se tumbó cómodamente en el suelo, se relajó respirando profundamente y el tambor inició su ritmo constante, parecido al latir del corazón. Todo viaje chamánico sigue un procedimiento similar. El tambor sirve de guía y conexión con el mundo físico, al tiempo que su sonido pone a la mente en un estado especial de receptividad y relajación. Una vez relajada, te imaginas que entras en un túnel bajo tierra que conduce al “otro mundo“. El proceso supone una delicada mezcla de imaginación guiada y dejarse ir, como si estuvieses viendo una película en la pantalla de la mente; no puedes abandonar el cine ni apagar la pantalla, pero tú no controlas ni manipulas lo que aparece en la pantalla. (Ver parte 3)


TALLER-RITUAL

Basado en la tradición chamánica Dagara; elemento Agua
Fechas 13-15 Julio 2007

El ritual es como un viaje: durante la preparación, todo está en tus manos, pero cuando se inicia el viaje, tú estás en las suyas.

¿QUÉ ES UN RITUAL? “Cada vez que un grupo de personas se reúne bajo la protección del Espíritu, y se genera un cuerpo de energía emocional que los une de forma estrecha, estamos ante un ritual.” El ritual consta de dos etapas: una de preparación y la otra de entrega a la energía creada; por tanto, nada tiene que ver con preceptos y pasos preestablecidos; es, por definición espontáneo y todo lo que requiere es entrega y sinceridad. Este ritual de agua, busca traer curación y reconciliación ante los sentimientos de pérdida. La pérdida crea una necesidad de liberar la tensión emocional creada por la separación o desconexión de algo o alguien que es importante para nosotros, ya sea un ser querido, una relación, la amistad, la salud o bienestar físico, psíquico y emocional.

A QUIÉN VA DESTINADO

  • Personas que hayan atravesado o atraviesen situaciones dolorosas o de difícil resolución como la muerte de un ser querido, un divorcio o separación, una enfermedad, relaciones complicadas, un jefe imposible, cuidado de padres ancianos ….
  • Personas que se sientan bloqueadas, faltas de motivación, con miedo, apatía, ansiedad y tristes o deprimidas con o sin una razón identificada…
  • Personas sensibles a las que el estado del mundo o el sufrimiento humano les toca de forma especial y lo hacen suyo…

El ritual se realizará en plena naturaleza, con instalaciones de acampada, en una finca situada en las Alpujarras, Granada.

FACILITADORES

JED, arquitecto de nacionalidad británica, lleva más de 15 años trabajando con diversas tradiciones chamánicas (América, África y Siberia), y explorando modos de incorporar esa sabiduría en nuestra forma de vida occidental. Con su mujer Gill, ha organizado una serie de encuentros con diversas tradiciones chamánicas de América, África y Siberia. Para más información, visita su web: www.abathan.org

LUISA lleva unos 20 años explorando diversas disciplinas de meditación, psicoterapia y chamanismo. Convencida del valor del feminismo y de la ecología profunda como medios de desarrollo social y personal, ha escrito varios artículos sobre este tema. También le interesa comprender las experiencias chamánicas y de meditación desde la perspectiva de los últimos conocimientos en neurociencia. Es practicante de los pases mágicos de Carlos Castaneda (tensegridad).

  INFORMACIÓN

Luisa(España): anakhaly@gmail.com
JED (UK): + 44 (0)1361 840230
jed@abathan.org



TALLER-RITUAL de AGUA
13-15 Julio 2007

Tradición Dagara

No sentirás el verdadero gozo hasta que vacies la copa de la tristeza

¿QUÉ ES UN RITUAL?

“Cada vez que un grupo de personas se reune bajo la protección del Espíritu, y se genera un cuerpo de energía emocional que los une de forma estrecha, estamos ante un ritual. En él, la interacción entre la personas suele ser principalmente de índole no verbal, por lo que se fomenta la vida de la psique [del alma]” Malidoma Somé en La sabiduría sanadora de África (www.malidoma.com)

PROPÓSITO DE ESTE RITUAL

Todos experimentamos situaciones que nos causan sentimientos de pérdida y dolor: la muerte de un ser querido, una ruptura emocional, una enfermedad, relaciones complicadas, un jefe imposible, el estado del mundo…

Y sin embargo, vivimos en una sociedad que teme la expresión de estos sentimientos, que nos fuerza a seguir “luchando”, a ser “optimistas”, sin admitir que eso es imposible sin la curación que trae el reconocimiento y el compartir con otros; que la represión trae aislamiento, apatía o agresividad. Con este ritual creamos juntos un espacio en el que soltar esa “carga”, ya sea personal o colectiva, a fin de volver al mundo con fuerzas renovadas y una nueva vista.

Su estructura está inspirada en la tradición Dagara de Africa occidental. Es simple y sofisticada a la vez: las palabras y la mente ocupan un lugar secundario; la música y el trabajo en grupo ejercen su magia que nos ayudan a soltar el lastre y expresar lo que necesita ser expresado.
El ritual se realizará en plena naturaleza, con instalaciones de acampada, en una finca situada a 2000 metros de altitud, en las Alpujarras, Granada.

FACILITADORES

JED PEMBERTON, arquitecto de nacionalidad brítanica, lleva más de 15 años trabajando con diversas tradiciones chamánicas (América, África y Siberia), y explorando modos de incorparar esa sabiduria en nuestra forma de vida occidental. Con su mujer Gill, ha organizado una serie de encuentros con diversas tradiciones chamánicas de América, África y Siberia. Para más información, visita su web: www.abathan.org

LUISA FERNANDEZ lleva unos 20 años explorando diversas disciplinas de meditación, psicoterapia y chamanismo. Convencida del valor del feminismo y de la ecología profunda como medios de desarrollo social y personal, ha escrito varios artículos sobre este tema. También le interesa comprender las experiencias chámanicas y de meditación desde la perspectiva de los últimos conocimientos en neurociencia. Es praticante de los pases mágicos de Carlos Castaneda (tensegridad).

PRECIO E INFORMACIÓN

180* euros todo incluido (Inscripción antes del 1 de Junio: 150 €) Plazas limitadas

Luisa (Spain): 958 851371 / mvl: 665784568
Email: anakhaly@yahoo.com
JED (UK): + 44 (0)1361 840230
jed@abathan.org


* Algunas ayudas disponibles para personas con escasos recursos económicos

Crisis e imaginación (I)


Todo el mundo atraviesa una crisis en una época u otra de su vida. Las hay para todos los gustos y edades: crisis quinceañera, crisis de los 40, crisis existencial….
Cuando vemos a alguien sumergido en una de ellas, solemos decir con ligereza e incluso con humor: “¡No te preocupes, ya se te pasará, sólo se trata de la crisis de los 40!”. Si vemos a nuestro hijo adolescente deprimido sonreímos y nos decimos ” no hay que preocuparse, es sólo una crisis de identidad”. Y es cierto: la mejor cura es la confianza en nuestra capacidad para superarla y verla en perspectiva, sirve de ancla para
navegar la angustia interna y el dolor que siente la persona.
No obstante, aunque nuestra mente consciente sea capaz de reconocer el proceso, muchas veces no basta para que desaparez
ca la pena o la ansiedad que sentimos. Durante una crisis, por definición, no tenemos control sobre las emociones: sentimos pánico y decirnos que es una niñería, no lo elimina; nos sentimos tristes y saber que no hay razón real para ello, no nos hace sentirnos mejor. En estas circunstancias la mente racional es inútil, pero eso no quiere decir que estemos indefensos, y la única solución sea tomar antidepresivos o ansiolíticos; simplemente necesitamos emplear otro tipo de estrategias. Una de las más asequibles y útiles es la imaginación.
Las emociones y los sentimientos hablan un lenguaje que nada tiene que ver con la lógica y el comportamiento “adulto”. Se alimentan de imágenes, sensaciones, intenciones y fantasía. ¿Quién no ha sentido tristeza inmediata ante el gesto indiferente de un amigo? ¿Cuántas veces nos hemos sentido irritables ante el llanto de un niño aunque supiésemos que lo que necesitamos es paciencia? En circunstancias normales, la mente racional y adulta toma el mando, suprime el impulso instintivo de gritarle al niño y corremos a consolarlo; esa templanza de las emociones es parte del proceso de maduración del ser humano. Pero otras veces, la madre pierde la paciencia una y otra vez y no tiene fuerza para controlar su conducta. La clave para salir de ese atolladero estriba, posiblemente, en reconocer que que el “control” es una obsesión de la mente racional y cuando nos empeñamos en poner orden en las emociones, controlarlas o suprimirlas, éstas se rebelan y sólo se empeora la situación. Las emociones surgen del subconsciente y como ya hemos dicho antes, nuestro ser emocional, el alma, se rige por otras reglas, mucho más fluidas y difusas, en las que el juego, la imaginación y la fantasía son los protagonistas.

La tradición chamánica tiene mucho que aportarrnos en ese campo y conoce muy bien el poder de la imaginación. Ha desarrollado técnicas muy eficaces para establecer contacto con esa parte nuestra que escapa a la mente racional. Una de esas técnicas es el viaje chamánico y aquí voy a relatar un caso real, pero por cuestiones de confidencialidad cambiamos el nombre de la persona. Dejamos que hable a la protagonista.
ir a segunda parte


Ritual de Agua y curación


Uno de los propósitos de los rituales en las tradiciones indígenas es aportar curación, lo que ocurre en gran medida, en el contexto de una comunidad que aprecia lo que somos, nos acepta y cuida. Sin ese sentido de comunidad, nos sentimos aislados y hasta enajenados, un sentimiento que en parte tratamos de llenar desesperadamente con hiperactividad y ocio, pero que pocas veces funciona.

Existen muchos tipos de rituales y sirven distintos propósitos: regeneración, júbilo, iniciación, entrega, celebración, introspección… . Aquí vamos a hablar de un tipo especial basado en el elemento Agua. El agua, tan abundante en nuestro cuerpo, y muy bien representada por nuestras lágrimas, limpia, reconcilia, purifica y libera tensiones.

El agua enfría una psique fogosa y equilibra aquello que está agitado, nos sostiene y nutre. El agua nos invita a reducir el paso, dentro y fuera, y nos permite prestar atención a aquello que pasa desapercibido a más velocidad. No recuerda el mundo del Espiritu, el “otro mundo
El agua también se asocia con los sentimientos de pena y pérdida; la perdida resultante de no haber notado lo que tendríamos que haber percibido, en otros o en nosotros mismos; pena por la laguna entre lo que es posible y lo que es imposible en la vida.
El agua salada de las lágrimas son signo del deseo de reconciliación: con los demás, con nosotros mismos, pero sobre todo, con el mundo del espíritu porque el agua limpia y se lleva la impureza de nuestros fallos y fracasos.
Un ritual de agua, no se desarrolla necesariamente en dicho elemento, y el de duelo que se celebrará en las Alpujarras es un ejemplo de ello. En este caso, el agua la llevamos dentro, en forma de lágrimas, de pena, de sentimientos ahogados… es nuestra conexión interna con lo sagrado.